Me quedé de ver con mis amigos
Luis y Hugo en el metro San Cosme a las siete de la noche para ir al concierto
de Metallica en el Palacio de los Deportes. Hugo solo nos iba a
acompañar a comprar una playera, ya que él había asistido al concierto dos días antes.
Yo fui el primero en llegar al
metro. Pasaron veinte minutos y ellos no
llegaban y ya me estaba preocupando, pues Luis traía mi boleto. Por fin
llegaron y decidimos irnos hacia el Palacio de los Deportes pero tardamos
aproximadamente media hora en subir al metro porque los vagones venían llenos y se tardaba mucho
en avanzar.
Al fin logramos subirnos al
metro, pero iba demasiado lento a consecuencia de que estaba cayendo un agüazero. Como a eso de las nueve llegamos al Palacio de los Deportes. Había muchísima
gente, pues solo faltaba media hora para que iniciara el concierto. Estuvimos
recorriendo varios puestos para que mi amigo Hugo comprara su playera, al fin
encontramos un puesto donde una le
agrado.
Tuvimos que dejar a Hugo ahí
porque Luis y yo nos dimos cuenta de que faltaban unos quince minutos para que
iniciara el concierto. Corrimos hasta la puerta ocho del inmueble, ya que por
ahí teníamos que entrar. Nos revisaron los boletos, nos esculcaron para ver que no trajéramos
armas, drogas u objetos de metal.
A mi amigo le quitaron su
cinturón porque tenía una hebilla de metal muy grande. Después de que nos revisaron
y todo eso, corrimos hasta el nivel E para encontrar la puerta donde se
ubicaban nuestros asientos. Ya una vez sentados, pasaron cinco minutos para que
las luces se apagaran.
Comenzaron a oírse las primeras
notas de la apertura tradicional de Metallica, el The Ecstasy Of Gold que
sonaba en todo el Palacio de los Deportes. Después fuimos recibiendo uno a uno
a cada integrante del grupo, Kirk, James, Lars y Robert.
Lars tomó la batería y
así dio inicio la noche con Creeping Death, estremeciendo el lugar, desatando
un slam lleno de furia y emoción. La banda toco alrededor de 16 canciones de las cuales todas me gustaban.
El concierto finalizó como a las 23:20 horas. Salimos del Palacio de los Deportes y el tío de mi amigo
nos estaba esperando afuera del hotel Grand Prix para llevarnos a nuestras casas.
Al día siguiente, de tanto que grite y cante, no podía hablar.
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